Tras alzarse como triunfador del Circuito de Madrid superando la gravísima cornada del año anterior, el joven torero de origen abulense afronta la final de la Liga Nacional de Novilladas con madurez, fe y convicción
La preparación de un torero trasciende con frecuencia el aspecto puramente técnico para adentrarse en la fortaleza mental y el espíritu de superación. Un ejemplo evidente de esta premisa es Sergio Rollón, novillero con picadores que este sábado 31 de octubre comparece en la plaza de Sanlúcar de Barrameda para disputar la gran final de la Liga Nacional de Novilladas, cita televisada que reunirá a los triunfadores de los certámenes autonómicos. El diestro llega a este importante compromiso avalado por su brillante victoria en el Circuito de la Comunidad de Madrid, un triunfo de hondo calado que ha supuesto el cierre definitivo a uno de los capítulos más duros de su trayectoria personal y profesional.
Un año atrás, una severa cornada sufrida en la plaza de Valdetorres de Jarama cortó bruscamente su temporada y le obligó a afrontar una larga y dolorosa rehabilitación. Lejos de venirse abajo, el joven novillero encaró su reaparición con la firme ambición de reescribir su historia en los ruedos. Al rememorar la incertidumbre vivida al asumir de nuevo el reto del certamen madrileño, Rollón rememora el dilema interior al que tuvo que hacer frente: «Sientes ese miedo y ese respeto a volver por todo lo sucedido, pero a la vez una ilusión tremenda y ganas de quitarme esa espinita; quería que la gente me conociera por mi forma de torear y por ser el triunfador, no como el de la cornada tan fuerte».
El camino hacia el trofeo regional exigió una constante demostración de raza en escenarios de diversa exigencia. Tras arrancar con una oreja en Estremera y amarrar su primera puerta grande en Talamanca de Jarama frente a astados de José González, afrontó la dureza del vendaval en Villarejo de Salvanés y la singular pendiente del ruedo de Chinchón. La consagración definitiva llegó en la final a tres de San Martín de Valdeiglesias ante reses de Montealto. Al ser proclamado vencedor, el triunfo significó una catarsis interior: «Sentí muchísima alegría y satisfacción personal. El mayor premio no fue ser el triunfador, sino haber superado todo y haber sido capaz de llegar a la final».
En la evolución de Rollón ha resultado determinante el trabajo emocional desempeñado junto a su preparador, Javier Portal. En un espectáculo donde la presión del público y el peligro condicionan cada movimiento, el novillero defiende la importancia del equilibrio psíquico para dar la verdadera dimensión ante el toro: «En el toreo se mueven mucho las emociones; si uno está feliz, eso se transmite en el ruedo. Yo en la plaza no compito contra mis compañeros, mi único rival soy yo mismo».
Completamente con los pies en la tierra, Rollón compagina el entrenamiento diario en la Escuela Taurina El Juli con sus estudios de Grado Superior en Acondicionamiento Físico, tras haber cursado Informática. Consciente de la volatilidad de la profesión taurina, reivindica la necesidad de mantener una sólida formación académica: «Es totalmente importantísimo estudiar en la vida; en esto del toro no hay nada asegurado y, si las cosas se tuercen, siempre hay que tener un plan B». Su gran sueño personal permanece estrechamente ligado a sus raíces y a su pueblo, Burgohondo: «Mi mayor sueño es tener mi propia finca, levantarme por la mañana a tomarme un café escuchando los pajaritos y ver mis toros de fondo».
Con la mirada puesta en los novillos de Fuente Ymbro que saltarán al coso sanluqueño, Rollón encara el desenlace de la campaña con plena entrega y sin guardarse nada. Para esta importante cita nacional, el novillero resume sus intenciones con una clara declaración de principios: «Mi meta es no decepcionar a nadie, salir a entregarme al máximo y hacer disfrutar a la gente. Si piensas en positivo, las cosas se atraen, y ojalá sea capaz de llevarme el trofeo a casa».


Sé el primero en comentar